Escribo este post sabiendo que soy de los pocos que no habían visto hasta la fecha la serie de Manhunt: Unabomber de 2017. Es probable que durante este fin de semana de puente le ponga remedio. Netflix se atreve con otro tipo de entrega en forma de película, cambiando un poco el formato de la obra de Andrew Sodroski. En este caso, Janus Metz propone una película para traer la historia del auge y caída de Ted Kaczynski, el Unabomber, sea el de thriller psicológico, me ha parecido un acierto redondo.

La película quiere mostrar no tanto la persecución policial que acaba por encontrar a Kaczynski, sino que plantea un escenario paralelo, a modo de flashback, en el que se ve cómo se va forjando la peculiar personalidad del sujeto. En los años 50, Ted Kaczynski (Jacob Tremblay) es un brillante estudiante de matemáticas de Harvard que es seleccionado por el profesor Henry Murray (Russell Crowe) para unos experimentos secretos. Lo que parece una relación entre un profesor y un alumno aventajado acaba derivando en el manual de creación de un psicópata.
Esta obra de Janus Metz presenta estas dos caras de una forma muy diferenciada. Una parte en la que la química que se crea entre los personajes de Tremblay y Crowe engancha al espectador. La historia no da puntada sin hilo y sirve para rescatar una polémica que salpicó al país durante la época de la Guerra Fría. Estos experimentos que se llevaron a cabo en universidades de todo el país cruzaron la línea de la moral para llegar a unos extremos de dudosa ética en los que acabas teniendo la sensación de estar viendo el origen de un monstruo creado por la propia élite que luego pretendía destruirlo.

La otra cara del film es algo más clásica. Se dedica a contar la persecución policial del niño prodigio que acabaría por convertirse en el ermitaño más peligroso de la década de los noventa en Estados Unidos. Aquí la película arriesga poco si vienes de haber visto la serie de Manhunt. Si no has visto la serie, estás de suerte ya que aunque tire de algún cliché habitual, consigue una mezcla interesante que al menos hace los hilos que sostienen la película no decaigan.
Personalmente creo que se han equivocado al plantear un montaje de dos investigaciones en paralelo. Por dos razones: la primera es que corta demasiado el ritmo, pero sobre todo porque el interés está muy descompensado. Capta mucho más la atención la forma en la que se va moldeando la figura del protagonista y ver sus consecuencias sociales (familia, amigos, estudios, etc.) que el hecho de seguir la investigación centrada en un manifiesto, que ya ha sido explorada en el pasado y que no sale del clásico silogismo policial de los noventa.

Además de Crowe y Tremblay, brilla Shailene Woodley como Joanne Miller, la agente que sigue las pistas adecuadas para detener finalmente a Ted Kaczynski. Cuota de género de Netflix que demuestra que no hace falta imponer cuando se hacen las cosas bien. Me ha gustado su forma de hacer aunque no esté en un arco que le permita brillar del todo. Hay otros ilustres que llevaban ya un tiempo sin aparecer, como Alexander Ludwig o Annabelle Wallis. Otro que reaparece tras un tiempo es Marco Beltrami a los mandos de la banda sonora, como siempre, con su buen hacer.
Con todo, creo que Unabomber es una película que consigue su objetivo. Más efectista que profunda, plantea ciertos dilemas que son interesantes de abordar. El gran atractivo es un Russell Crowe encantado de sí mismo, en un papel muy parecido al de Nuremberg (y no solo por lo físico), donde consigue meterse e influenciar la mente de un joven con pretensiones. Le sigue la estela un gran Jacob Tremblay, para mí el verdadero descubrimiento de esta película.
