Si algo ha demostrado Netflix a lo largo de los años es que adaptar las novelas de Harlan Coben es una garantía total de entretenimiento, y ‘I Will Find You’ no es la excepción. Se trata de un thriller dinámico, adictivo y diseñado minuciosamente para hacer una maratón de los 8 capítulos que componen esta miniserie. La historia nos sitúa desde el primer minuto en una tensión constante que engancha al espectador mediante un ritmo narrativo implacable y una atmósfera de misterio constante.

La premisa arranca con un puñetazo al estómago cuando David Burroughs, un padre devoto, cumple cadena perpetua por el brutal asesinato de su propio hijo de tres años, un crimen que no recuerda haber cometido pero cuyas pruebas eran demoledoras. La chispa del conflicto se enciende cinco años después cuando su excuñada le visita en prisión con una fotografía borrosa tomada en un parque de atracciones donde se ve a un niño de ocho años con la misma marca de nacimiento de su hijo fallecido, momento en el que la serie abandona cualquier drama contemplativo para convertirse en una carrera contrarreloj desenfrenada.
El trabajo actoral de los protagonistas se convierte en uno de los pilares fundamentales para sostener la carga emocional de la trama. Sam Worthington logra transmitir con maestría el desgaste físico y mental de un hombre roto que pasa de la resignación absoluta a una obsesión rabiosa por descubrir la verdad, mientras que la química con su exmujer (Erin Richards) y la complicidad con su excuñada (Britt Lower) aportan una vulnerabilidad genuina que permite al espectador empatizar de inmediato con su sufrimiento. Me ha gustado mucho también la relación que se presenta entre los detectives Max Williams y Sarah Greeer y como la fuerza del pasado puede ayudar a resolver el futuro.

Como en otras series adaptadas de las obras de Coben, la narrativa introduce un ritmo como de montaña rusa que no da respiro y cuyos episodios terminan constantemente en cliffhangers imposibles de ignorar. Además, las falsas pistas están colocadas de forma impecable para jugar con la percepción del público y desarmar sus teorías en el último segundo, construyendo un laberinto de sorpresas muy bien hiladas. Los giros que introduce la serie son increíbles, algunos consiguen sacar levantar de la silla al espectador.
Sin embargo, para que esta maquinaria funcione a semejante velocidad, el guion exige al espectador asumir con cierta incredulidad varias fugas y casualidades que rozan lo inverosímil en el mundo real. De igual manera, algunos personajes secundarios se perciben bastante encorsetados al cumplir roles demasiado utilitarios como el amigo informático o el policía escéptico, restando algo de profundidad al conjunto general.

En definitiva, la serie no busca reinventar el género del thriller psicológico ni pretende ser una obra de arte abstracta, sino que comprende a la perfección su naturaleza de entretenimiento de alto nivel con una factura visual impecable y giros constantes. Se trata de una propuesta sumamente recomendable que garantiza horas de tensión y disfrute para los amantes del misterio y los maratones televisivos. La recomendación del verano sin duda. Un acierto seguro.
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