Después de Cronos, se hacía muy difícil no ir a su fuente original. El guion elaborado para la película se basa en la obra de investigación que realizaron los periodistas Nacho Carretero, Anna Teixidor y Jesús García (autores del libro Sin piedad: La historia jamás contada del 17-A) para esclarecer los sucesos del caso y que se llevó a la pequeña pantalla por parte de Netflix. 800 metros es una miniserie de 3 capítulos que aborda unos sucesos más extensos de los que se ven en la película. Desde el proceso de radicalización con el imán Es Satty hasta las últimas consecuencias de los afectados por aquel día, 800 metros me parece una obra interesantísima si quieres investigar desde un punto de vista objetivo lo que ocurrió en agosto (y los meses posteriores) de aquel año 2017 en Cataluña.

Dirigida por Elías León Siminiani y producida por BAMBÚ Producciones, 800 metros toma su título de la trágica distancia que recorrió la furgoneta del atropello masivo en Las Ramblas, desde la Plaza de Cataluña hasta el mosaico de Joan Miró. Me ha gustado mucho el planteamiento de la miniserie. Alejándose del sensacionalismo y de abusar de recreaciones dramáticas o música efectista, Siminiani y el equipo de investigación estructuran el relato a partir de evidencias tangibles: sumarios judiciales, llamadas de emergencia, cámaras de seguridad y archivos inéditos. Destacan las imágenes reales de los miembros de la célula en la casa de Alcanar preparando explosivos entre bromas adolescentes e inconsciencia y provocan un impacto y una incomodidad que ninguna ficción podría replicar.
A diferencia de la película, 800 metros dedica gran parte de su metraje a la preparación del atentado. Examina el entorno social de Ripoll para plantear la incógnita más compleja: cómo un grupo de jóvenes integrados, que jugaban al fútbol y tenían amigos en el pueblo, terminó radicalizándose en cuestión de meses bajo la influencia del imán Abdelbaki Es Satty. El documental no justifica, pero sí intenta explicar los mecanismos psicológicos y emocionales de la captación sectaria, evitando la caricatura del terrorista como un monstruo abstracto.

La serie equilibra la frialdad de la investigación policial con la dimensión humana del dolor. Se da voz a las víctimas directas (con algunos de sus testimonios absolutamente desgarradores), a los equipos de emergencia que actuaron en medio del caos y también a los vecinos y educadores de Ripoll, atrapados en la perplejidad y el duelo. Esa perspectiva coral ofrece una imagen completa del trauma colectivo que vivió la sociedad catalana. Se añade también una crítica a la administración en la forma que gestionaron los efectos que tuvieron los atentados de las Ramblas y Cambrils tanto en las víctimas que los sufrieron como en los agentes que participaron en la caza y captura de los miembros de la banda.
Si hay un aspecto donde la serie peca de prudente es en la trastienda política y policial. Hay que tener en cuenta que estábamos en los meses más calientes del Procés independentista. Aspecto que en la película toca de soslayo, este documental intenta mantener una objetividad pulcra, el documental incide en los fallos de coordinación entre las distintas fuerzas de seguridad y evita profundizar en los vacíos sobre los contactos previos del imán con el CNI. Quien busque un documental de denuncia institucional o investigación conspirativa encontrará, en su lugar, un análisis de corte puramente sociológico y humano.

800 metros es un ejercicio modélico de periodismo audiovisual. Resulta indispensable para comprender la tragedia del 17-A en su totalidad, transformando la reconstrucción de los hechos en una reflexión profunda sobre la vulnerabilidad de la juventud, el peligro de la radicalización en entornos cotidianos y la memoria de las víctimas. Un documental necesario para entender para no dejar en el olvido a aquellos que sufrieron uno de los ataques más violentos de nuestra historia reciente.
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