Hans Zimmer regresó ayer a Barcelona, ciudad que ya había conquistado en abril de 2019 con la gira The World of Hans Zimmer. Resulta impactante ser consciente de que han pasado ya siete años; el tiempo vuela. En esta ocasión, el maestro vuelve al escenario con su gira Hans Zimmer Live: The Next Level, y lo hace con una propuesta sensiblemente distinta.

Pocos podíamos imaginar en 2017 que aquel Live in Prague sería el pistoletazo de salida para una serie de giras épicas. Tanto Hans Zimmer Live como The World of Hans Zimmer —donde realizaba apariciones esporádicas— han logrado acercar la obra del genio alemán al gran público. Hasta entonces, sus bandas sonoras eran experiencias ligadas estrictamente a la pantalla; tener la oportunidad de vivirlas en directo, con la orquesta que él mismo ha moldeado, aporta un matiz y una fuerza inigualables.

Es fascinante observar la comunidad de veteranos que han generado estos conciertos. Ayer abundaban las camisetas de giras anteriores y los corrillos de fans comparando experiencias. Confieso sentir cierta envidia de quienes asistían por primera vez; nada se disfruta con la misma intensidad que ese impacto inicial. Con esteThe Next Level, el propósito de Zimmer es dar una vuelta de tuerca a lo conocido. Sabe que su público es fiel y que muchos acumulan muescas en el cinturón, por lo que se esfuerza en introducir novedades que eviten la sensación de estar ante una simple lista de reproducción de Spotify. El objetivo es volver a soñar.

Tengo la sensación de que este show se plantea como una transición hacia un Zimmer más volcado en proyectos personales, algo que su trayectoria ya le permite. Ayer, el maestro pareció dar un pequeño paso atrás para ceder el protagonismo a la nueva generación de músicos. Si bien se mantienen pilares de la vieja guardia como Lisa Gerrard, Lebo M., Aleksandra Šuklar, Snow Owl o Guthrie Govan, se echaron de menos ausencias históricas como las de Pedro Eustache o Rusanda Panfili.

El repertorio repasa los temas que han hecho grande a Zimmer, pero bajo un nuevo prisma. Comenzó con la suite de Batman, con un tono quizás demasiado electrónico o metálico para mi gusto, pero pronto remontó con la sección de Man of Steel, donde Govan ejecutó un solo de guitarra estelar. Mariko Muranaka brilló al violonchelo en el momento Hannibal con To Every Captive Soul, aunque la gran sorpresa fue Alexandra «Sasha» Tirsu al violín; su pasión en El Código Da Vinci recuerda inevitablemente a la fuerza de Panfili.

Hubo espacio para la ilusión con temas menos habituales. Sherlock Holmes siempre es una delicia, pero fue un acierto rescatar dos obras que considero infravaloradas: Ángeles y Demonios y Lágrimas del Sol. De su producción más reciente, destacaron la magnética A Time of Quiet Between the Storms (Dune: Parte 2) y una suite de F1 absolutamente adrenalínica. Antes del descanso vendría la icónica suite de Gladiator —con una Lisa Gerrard magistral en Elysium, pese a que se empiece a notar el paso de los años—, el cierre fue el verdadero «último baile».

Un detalle que extrañé durante la noche fue que Zimmer no se detuviera tanto a presentar las obras. Cuando se sienta al piano y relata cómo él y Nolan dieron vida a Interstellar, la experiencia alcanza otro nivel. Acompañado por una trapecista que emulaba el movimiento de los astros, nos regaló un viaje por el cosmos.

Zimmer se reservó lo mejor para el final, la conexión de la sección africana de Lágrimas del Sol con El Rey León —la obra que le dio su primer Oscar— sigue dejando al público boquiabierto. La inventiva no decayó ni con los clásicos. Piratas del Caribe incluyó otro solo de Govan en The Kraken, reinterpretado de una forma casi irreconocible pero fascinante, antes de desembocar en la suite completa que cerró The Next Level por todo lo alto.

No podía faltar Time (Inception). Como si estuviéramos atrapados en el mundo de los sueños, la famosa peonza de Cobb presidía la escena mientras Zimmer acariciaba cada nota del piano con una profundidad delicada y potente. Y nosotros, deseando no despertar, nos dejamos guiar hasta que el silencio y las luces nos devolvieron a la realidad.

En conclusión, Zimmer tira de clásicos infalibles pero se arriesga con arreglos muy diferentes. Algunas apuestas funcionan mejor que otras, pero siempre es un privilegio ver al maestro en directo. Si aún quedan entradas para Madrid, recomiendo ir sin dudarlo. Próxima parada: The World of Hans Zimmer en mayo de 2027. Habrá que ir preparando el terreno.

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About Javier GF

Editor en la Septimacaja. Ingeniero de profesión, deportista como afición. El espacio es una de mis mayores pasiones, entender como funciona el mundo es indispensable para poder cambiarlo. Devorador de series y agitador de aquellos que nos quieran colar pelis de SerieB como grandes estrenos.

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Criticas de cine

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