Tras el ritmo pausado y la minuciosa construcción de tensiones durante la segunda temporada (la tensión creciente entre los bandos de los negros y los verdes, la Cosecha Roja, las intrigas en Rocadragón y la preparación paulatina de la Danza de Dragones), la serie nos dejó al borde del abismo. La calma antes de la tempestad terminó de disiparse con los bandos ya completamente formados, las piezas sobre el tablero de Poniente listas para chocar y la promesa implícita de que la moderación y la diplomacia habían muerto definitivamente.

Lo justo para unos primeros episodios que hicieron escalar a House of the Dragon a un nivel superior. En esta entrega, la contienda estalla sin contemplaciones. La acción es trepidante y las batallas se suceden con el carisma de Juego de Tronos, da igual el peso que tengas en el Reino, a Martin no le importará sacrificarte por el bien de un buen cliffhanger. En esta temporada, la Danza de Dragones pasa de ser un conflicto de politiqueo en pasillos y conspiraciones a una confrontación abierta y devastadora que engulle casas enteras. La escalada de violencia entre Negros y Verdes adquiere un tinte trágico e irreversible: la paranoia, la venganza implacable y el coste humano de la ambición dinástica se convierten en los auténticos protagonistas de un conflicto donde ya nadie posee la razón moral (si es que una vez estuvo).

Por un lado tenemos al bando de los negros. Brilla Daemon Targaryen, que firma una temporada sobresaliente. Deja atrás las visiones de Harrenhal para recuperar su faceta más impredecible, peligrosa y magnética. Por el contrario, el arco de Rhaenyra se vuelve cada vez más torpe. Vuelve a pecar de una indecisión algo exasperante que merma la autoridad y el ímpetu que el personaje requería a estas alturas de la historia. No quiero entrar en la relación que mantiene con Mysaria, del todo evitable. Ya que no aporta nada a la historia. No tener una visión clara de lo que quiere como Reina le hace descender un par de escalafones sobre la figura de Daemon, que se erige como el único Targaryen verde que parece tener las ideas claras.

En el bando de los verdes en Desembarco del Rey, la dinámica da un vuelco. Se evidencia con crudeza cómo Aemond, despojado de la aplastante ventaja táctica que le otorga Vhagar, se muestra como otro líder inseguro y carente del peso político necesario. La gran sorpresa la da el regreso a escena de Aegon II, quien, tras un calvario de secuelas físicas y ostracismo, resurge con una fuerza dramática impresionante, imponiendo su presencia a base de puro resentimiento y tenacidad. Alicent, por su parte, se muestra perdida, como entre dos aguas, abandonando ese personaje fuerte que caracterizó sus dos primeras temporadas. La nota explosiva de la temporada la da Helaena. Sus visiones y el destino reservado para su personaje puede que sea la chispa que encienda la hoguera definitiva de la Danza de Dragones.

El uso de los personajes secundarios me deja sensaciones encontradas. Resulta frustrante ver cómo la Maestra de Susurros (Mysaria) queda completamente desaprovechada, reducida a un papel testimonial que no hace justicia a su potencial como red de inteligencia. En los libros nunca estuvo preocupada por la salud de las gente de Desembarco del Rey y su misión parece entrometerse (de forma literal) entre el matrimonio de Rhaenyra y Daemon. En la otra cara de la moneda, la irrupción de los Lobos de Invierno es sencillamente formidable: su llegada aporta esa fiereza norteña brutal y electrizante que inyecta una energía renovada al conflicto. Mención especial a Roderick Dustin, interpretado por Tommy Flanagan, que hace una demostración de como puede ser recordado un personaje gracias a apariciones esporádicas liderando a los Lobos de Invierno.

En el aspecto técnico, la serie vuelve a demostrar por qué lidera la televisión de gran presupuesto. Las batallas rodadas esta temporada son un prodigio cinematográfico: el fuego, el barro y el choque de los dragones se plasman con un hiperrealismo espeluznante. La dirección de fotografía, la integración visual de las grandes bestias aladas y el diseño de producción se perciben más cerca de las grandes producciones cinematográficas que de una gran serie para la pequeña pantalla.

Se ha de agradecer el esfuerzo que se ha hecho para comprimir el conflicto en los ocho episodios que ha durado la temporada. Ha resultado ser un acierto de ritmo. La narrativa se desplaza a una velocidad vertiginosa pero calculada, logrando el equilibrio perfecto entre el espectáculo bélico y el espacio necesario para la política maquiavélica. El caos claustrofóbico que se apodera de las calles de Desembarco del Rey está ejecutado magistralmente, retratando a la perfección la desesperación de un pueblo asfixiado por las decisiones de sus tiranos.

En la banda sonora, me gustaría destacar que Ramin Djawadi firma (de nuevo) una autentica obra maestra sonora. Su banda sonora no solo acompaña, sino que eleva cada escena: retoma las melodías familiares de la dinastía Targaryen para deformarlas con tonos oscuros, trágicos y marciales. La música se convierte en el pulso emocional de la temporada, anticipando la ruina y la inevitable caída de la Casa del Dragón. En conculsión, esta tercera entrega deja el listón en lo más alto y los ánimos por las nubes ante la que será la cuarta y, con toda probabilidad, última temporada. Con las heridas abiertas, los bandos Diezmados y el destino de Poniente pendiendo de un hilo, la espera para presenciar el desenlace final de esta tragedia shakesperiana se va a hacer sumamente larga para los espectadores. El año 2028 queda lejos.

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  1. Muy buena crítica, se nota tu amor por los negros. No creo que Daemon brille tanto. En esta temporada se muestra la torpeza de todos los bandos, como bien apuntas en un momento, sin razón moral.

    Daemon sólo quiere matar gente, Raenyra ha demostrado que nunca valió para ser reina. Puede que Aemond sea el arco más interesante de la trama. Sorprendiendome mucho su compañero lannister. Aemond, completamente desaprovechado. No están construyendo bien la batalla Daemon Aemond, porque no están engrosando bien al segundo.

    Hecho mucho en falta la importancia del conflicto de ladera. Sin duda pieza clave en esta historia.

    He disfrutado mucho, sobre todo con el final. Estoy deseando ver todo lo que nos queda. Que es mucho.

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About Javier GF

Editor en la Septimacaja. Ingeniero de profesión, deportista como afición. El espacio es una de mis mayores pasiones, entender como funciona el mundo es indispensable para poder cambiarlo. Devorador de series y agitador de aquellos que nos quieran colar pelis de SerieB como grandes estrenos.

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Criticas de cine

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