La serie Boku no Hero Academia llega a su fin. La serie de Bones Studio, productora de títulos tan relevantes como Mob Psycho, Full Metal Alchemist Brotherhood o Carole & Tuesday, ha sido la encargada de adaptar la obra de Kōhei Horikoshi, un clásico del manga-anime de la última década. La serie que venía a traer una simbiosis entre el shönen y Marvel nos deja después de ocho temporadas y un sinfín de momentos memorables.

Esta temporada se va a dedicar a cubrir la lucha final que hay entre los héroes y villanos. Después de las diferentes escaramuzas entre las divisiones de héroes y los capitanes de la Liga de Villanos en la anterior temporada, el momento zénit ha llegado. La lucha entre la líderes de la Liga de Villanos, Shigaraki y All for One, y nuestro grupo de protagonistas One for All, Deku, Bakugo se presenta de manera inexorable, dejando escenas para el recuerdo.
En su conjunto, Boku no Hero Academia es una serie que pretende ser en un primer nivel un shōnen tradicional de superhéroes, repleto de acción, combates espectaculares y jóvenes aspirantes que sueñan con superarse. Sin embargo, a lo largo de las diferentes temporadas, la obra desarrolla una profunda reflexión sobre la sociedad, el heroísmo y los fallos estructurales de un mundo que aparenta ser justo, pero que esconde desigualdades y contradicciones significativas.

Uno de los puntos fuertes de la serie es su sistema de poderes, los llamados Dones, que no solo definen las habilidades de los personajes, sino también su lugar dentro de la sociedad. Desde el inicio, se plantea una crítica clara a la desigualdad social: el valor de las personas se mide según la utilidad y espectacularidad de su poder. Izuku Midoriya, nacido sin Don, representa a los individuos marginados por no cumplir con los estándares impuestos. A través de su experiencia, la serie cuestiona la idea de que el talento innato sea el único criterio para determinar el valor humano. Me vienen a la cabeza innumerables animes que han cogido esta idea, como Naruto, para explorar a su protagonista.
Asimismo, Boku no Hero Academia critica la sociedad del mérito y la fama. Los héroes profesionales funcionan como celebridades, evaluados por rankings, popularidad y aceptación pública. Este sistema convierte el heroísmo en un espectáculo, donde la imagen es tan importante como las acciones reales. El personaje de Endeavor encarna esta crítica: a pesar de ser uno de los héroes más poderosos, su obsesión por el éxito lo lleva a sacrificar su ética y su familia, evidenciando el lado oscuro de la ambición desmedida. La serie torna el drama de Endeavor en una reflexión interesante del perdón y el arrepentimiento.

También hay espacio para la responsabilidad colectiva. La sociedad delega completamente la seguridad en los héroes, lo que genera una dependencia peligrosa. All Might, como “símbolo de la paz”, mantiene la estabilidad social, pero su sola existencia provoca que el sistema sea frágil: cuando él cae, el caos se extiende rápidamente. Horikoshi plantea así una crítica a las sociedades que confían ciegamente en figuras individuales en lugar de construir soluciones colectivas y sólidas.
En este contexto, los villanos adquieren una dimensión especialmente relevante. Personajes como Tomura Shigaraki no son presentados como encarnaciones del mal absoluto, sino como productos de un sistema que falla en proteger a los más vulnerables. El abandono institucional, la falta de apoyo emocional y la indiferencia social aparecen como factores clave en el surgimiento de la violencia. De este modo, la obra sugiere que el mal no nace de manera espontánea, sino que es consecuencia directa de la negligencia social.

A pesar de su tono crítico, Boku no Hero Academia no renuncia a los valores clásicos del shōnen. La perseverancia, el esfuerzo constante, la amistad y el deseo de superación personal son pilares fundamentales de la narrativa. Midoriya encarna el ideal shōnen por excelencia: alguien que, pese a partir en desventaja, avanza gracias a su determinación, su capacidad de sacrificio y su voluntad de proteger a los demás. Sin embargo, la serie moderniza estos valores al cuestionar el sufrimiento innecesario y la glorificación del sacrificio extremo, mostrando las consecuencias físicas y psicológicas que este conlleva.
En conclusión, Boku no Hero Academia logra combinar con eficacia los elementos tradicionales del shōnen con una crítica social contemporánea. A través de su mundo de héroes y villanos, la obra plantea preguntas profundas sobre la justicia, la responsabilidad y el verdadero significado del heroísmo. Más allá de las batallas y los poderes, la serie invita al espectador a reflexionar sobre el tipo de sociedad que se construye cuando el éxito, la fuerza y la apariencia se imponen sobre la empatía y la solidaridad.

Por ir cerrando, me gustaría mencionar un par de aspectos que me han tenido enamorado de esta serie desde el principio. Además de la historia Horikoshi, adaptada de forma magistral por Yōsuke Kuroda, permite que cada temporada la serie sea muy fácil de seguir. El estudio Bones ha hecho un trabajo magnífico en todas y cada una de las temporadas. Los combates finales son una maravilla. Y sobretodo, me gustaría hacer una mención especial a Yuki Hayashi por la capacidad que ha tenido de reinventarse a la hora de componer temas para esta serie durante las ocho temporadas emitidas. Sus canciones siempre están cargadas de sentimientos.
En definitiva, si eres fan del anime, Boku no Hero Academia es una serie que no te puedes perder. Tiene todo lo que nos gusta del género. Personajes carismáticos, es divertida, acción a chorros. La trama es tan interesante que te deja incluso un regusto de crítica social muy aplicable en el día a día. Esta última temporada es pura adrenalina y el cierre de la historia de Horikoshi es uno de los que mejor me ha hecho disfrutar en tiempo. Un acierto seguro. ¡Plus Ultra!
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