Veinte años. Se dice pronto, pero caben unas cuantas vidas dentro.
Corría 2006 y todo empezó con una fascinación casi obsesiva por un blog cuyo nombre hoy apenas consigo reconstruir. Algo como La Habitación de la Esfera Negra, o parecido. Lo que sí recuerdo perfectamente es a Wigo, a Roberto Divíancos, y aquel universo que había creado. Me fascinaba su blog. Entraba una y otra vez, leía cada post, curioseaba todo lo que hacía. Había algo ahí que me atrapó por completo.
Hasta que un día decidí probar yo también. Enlace a mi primer post
Así nació Proyectando, un blog que muy pronto pasó a llamarse El Teatro Kodak, fruto de una pasión bastante evidente por el cine. Y así siguió durante años, hasta que Kodak, con bastante menos romanticismo que yo, decidió recordarme que aquello de usar su nombre tenía ciertos límites legales. De aquel pequeño tropiezo nació La Séptima Caja, y aquí seguimos.
Han sido veinte años de etapas, de rachas mejores y peores, de más constancia y menos, de entusiasmos, pausas y regresos. Y si el blog sigue hoy en pie como está, sería injusto no decirlo, es en buena parte gracias a mi amigo Javi García, que en los últimos años ha sostenido el ritmo muy por encima de mis posibilidades y ha hecho que esto no se apague.
Pero si algo me ha regalado también todo este tiempo ha sido la gente. Por el camino he conocido a muchísimas personas a las que les gustaba lo mismo que a mí, con las que he compartido opiniones, conversaciones y discusiones interesantísimas. Gente con la que descubrí que hablar de cine podía ser casi tan apasionante como verlo. Y también tuve la suerte de conocer muchos otros blogs, muchos otros espacios levantados con la misma ilusión, el mismo cariño y la misma necesidad de compartir.

Muchos de ellos, por desgracia, no han tenido la suerte que ha tenido este y ya no siguen en activo. Y es verdad que este blog tampoco está en su mejor momento. Puede incluso que su mejor época no vuelva nunca. Internet ha cambiado, nosotros también, y la manera de estar y escribir en él ya no es la misma.
Pero supongo que por eso tiene todavía más sentido seguir aquí.
Porque además, por el camino, también han llegado pequeñas recompensas inesperadas. Algunas materiales, incluso. Me han regalado libros, he podido asistir a múltiples preestrenos, he conocido a actores y he vivido experiencias que, cuando empecé a escribir en 2006, ni se me habrían pasado por la cabeza. No ha sido nunca la razón para estar aquí, pero sí han sido pequeños regalos que este camino me ha ido dejando y que he disfrutado enormemente.
Seguir intentando mantener vivo este rincón. Seguir cuidando estos pequeños espacios que todavía nos permiten compartir lo que pensamos, hablar de lo que nos gusta y encontrar, al otro lado, a alguien que todavía disfruta leyendo a otro hablar de cine con pasión.
Porque si algo ha sido siempre este blog para mí, por encima de cualquier cifra o aniversario, es justo eso: un rincón de internet que me divierte. Un lugar donde hablar de una de las cosas que más me gustan, el cine. Un espacio para escribir, editar, cambiar, probar, aprender y seguir jugando con todo eso que me sigue fascinando dos décadas después.

Por eso cumplir veinte años me llena de orgullo, de alegría y también de una gratitud difícil de medir.
Ojalá dentro de otros veinte años pueda volver aquí, escribir otro post como este y comprobar que todo sigue en marcha. Que este pequeño refugio cinéfilo sigue vivo. Que sigue siendo, de una forma u otra, exactamente lo que siempre quiso ser.
Gracias a quienes estáis aquí desde hace años.
Gracias a quienes llegáis de vez en cuando.
Y gracias también a quienes os pasáis por casualidad.
Saber que este lugar sigue vivo, y que de vez en cuando alguien se deja caer por aquí para leer lo que hacemos, es lo que mantiene intactas las ganas de seguir adelante.

Me sale una lagrimita.
Esto es cosa de 2.
Lo mejor de todo, que (casi) no nos pisamos.
Y llegamos a más.
Y llegaremos a más.
Felicidades y gracias por crear un rinconcito que he aprendido a querer y a disfrutar.