Top Gun: Maverick

27 mayo 2022 - Por

La experiencia que presenta Top Gun: Maverick es de aquellas que merecen ser vividas en la sala de cine. Sonido envolvente, pantalla grande y una inmersión brutal. Puede que este sea el mejor resumen que se puede hacer de este blockbuster inmortal traído de nuevo por Tom Cruise y que presente el legado de la película estrenada en 1986 que le catapultó a la fama. Antes de entrar en las grandes virtudes que ofrece quiere detenerme en una reflexión que me ha ido acompañando desde que ayer tuve la oportunidad de asistir al estreno.

Repasando la cartelera de las películas que se han estrenado últimamente uno piensa que se ha equivocado de decenio, o de siglo, mismamente. Desde los anuncios que se proyectan en las pantallas del cine mientras comes palomitas, los tráileres previos a la película a los lanzamientos en las plataformas online de series de legado ochentero. Desde Jurassic Park a Avatar, del lanzamiento en exclusiva del nuevo tráiler de Mission Impossible a la revitalización de sagas legendarias como Star Wars en Disney+. Incluso me atrevería mencionar en este apartado a Cobra Kai.

No sé si es por la falta de ideas o por querer llamar a un espíritu peliculero que parece haber abandonado la industria de Hollywood. No voy a decir que vea un problema en traer este tipo de producciones, soy el primer fan. Hay algunas que se encargan de llenar los huecos de la historia que se han dejado de contar (Star Wars podría ser un buen ejemplo). Otras, en cambio, son más de estirar el chicle (Jurassic Park ha vivido del cuento más de lo que tocaría). Pero todas parten de un pensamiento común. Vivíamos muy buen en la década de los 90. Finales de los 80 o principios de siglo. Para mi han sido 15 de películas legendarias. Toda esta nueva moda de volver a rescatarlas es peligrosa, pero no para Top Gun.

Desde que se anunció hace más de dos años y vimos como se retrasaba el estreno comencé a sospechar. Pero a medida que íbamos descubriendo cosas de la película todo iba cuadrando. La secuela que proponía rescatar al personaje de Maverick no iba a ser maldita. En este caso, las segundas partes podemos decir que ha mejorado a la original. No por que sea esta mala, sino porque se ha sido inteligente. Se han cogido las virtudes de Top Gun primigenio y se les ha dado una vuelta moderna, para adecuarlas al tiempo.

Han pasado más de 30 años. Eso ha de notarse. Maverick sigue siendo capitán de la marina, probando naves experimentales que permitan mejorar la calidad del ejército. Su falta de ambición, o su idealismo, le ha llevado a mantenerse en activo y no pasar a posiciones más políticas. Dada la esencia de su personaje, un potro desbocado, no se movería bien y perdería esa toque que hace al espectador conectar con su personaje. Un día, después de que un infrautilizado Ed Harris aparezca en escena, el ejército le vuelve a reclamar para el programa de Top Gun, pero como instructor.

Estalla una crisis en un país indeterminado (se supone que en una república del este de Europa, muy hábiles tal y como está la situación de no mencionar ningún nombre). El objetivo de la OTAN es destruir un silo de uranio y para ello van a llevar a cabo una misión que podría catalogarse de suicida. No para Tom. Para Tom todo es posible. Reuniendo a la flor y nata del ejército del aire, Maverick va a llevar a cabo una tarea para la que no está preparado y a la que nunca se ha enfrentado. Enseñar a un grupo de personas a que lo que importa no es la máquina, es el piloto. Lo que cuenta no son los cálculos, es el instinto.

Maverick se va a ver rodeado de la quitaesencia de lo que fuera el hace más de tres décadas. Solamente defendido por su compañero Iceman (un Val Kilmer ya tocadete) va a tener que formar en tiempo récord a unos gallitos para la misión más peligrosa. Entre ellos al hijo de su amigo Goose, que perdió la vida por su culpa en la película anterior y por la que todavía arrastra alguna herencia inacabada. Por suerte va a tener a Penny (una bien envejecida Jennifer Lawrence), que le ayudará a tener la misma confianza que rezumaba de cachorro.

No quiero seguir descubriendo cosas, porque Top Gun es un viaje que merece ser vivido de manera individual. Es una viaje de casi 40 años, en los que recupera ese espíritu indómito que hizo grande a su precursora. Los tiempos cambian, las generaciones también, pero como se puede comprobar en la presentación de los protagonistas en el bar de Penny, la camaradería y el espíritu competitivo que lleva a los soldados al límite (y permite sacar su mejor versión) permanece inmaculado. La evaluación de Top Gun: Maverick va desde ese aire ochentero hasta el combate final, basado en la más moderna tecnología.

Aunque de trama sencilla y hasta cierto punto previsible, solamente por el despliegue técnico y visual hacen de Top Gun una película digna de ser vista en el cine. Las escenas que engloban a los cazas son espectaculares y se nota un realismo nunca antes visto. Es un vuelo que permite al espectador estar sentado en la cabina y sentir las vibraciones del avión al ir a velocidades extremas. Notar como las facciones de los pilotos cambian al estar sometidos a unas fuerzas G tan potentes como las que se experimentan al llevar las máquinas a ese punto tan crítico.

Y esto es lo que hace tan grande al bueno de Tom. Si ya había llevado a cabo las escenas de acción más peligrosas en toda su filmografía anterior, ¿cómo no iba a hacerlo en esta, que podría ser la película más suya hasta la fecha? Tanto él como todos los protagonistas que vuelan en esta película se han sometido a un entrenamiento real y extremo. Todos los movimientos que se han llevado a cabo son reales y filmados desde dentro de la cabina, dejando una sensación de realismo bestial.

Por ponerle algún pero, durante alguna escena hay cinemáticas imposibles que se presentan que permiten vibrar con el combate. Pero salvo eso, Top Gun: Maverick es muy disfrutable y las más de dos horas de película pasan volando, nunca mejor dicho. Técnicamente perfecta, si además le añades a Hans Zimmer, Lorne Balfe, Lady Gaga y Harold Faltermeyer en la composición de una banda sonora que se amolda perfectamente a lo que toca en cada escena, dan ganas de repetirla pronto.

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  1. Vaya, me va a tocar ir al cine de nuevo.

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About Javier GF

Editor en la Septimacaja. Ingeniero de profesión, deportista como afición. El espacio es una de mis mayores pasiones, entender como funciona el mundo es indispensable para poder cambiarlo. Devorador de series y agitador de aquellos que nos quieran colar pelis de SerieB como grandes estrenos.

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Cine

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