‘Mi vecino Totoro’ (1988) es una obra escrita y dirigida por Hayao Miyazaki. Su lanzamiento coincidió con el de ‘La Tumba de las Luciérnagas’, pero con un perfil totalmente diferente. Esta película pasa por ser uno de los grandes clásicos del Studio Ghibli. A este estudio le pasa como el buen vino, a medida que pasa el tiempo, el nuevo visionado de los clásicos los hace mejorar y permite fijarse en detalles que inicialmente podías haber pasado por alto. En mi caso es significativo, ya que esta película la recuerdo tener en VHS y pasar fines de semana viéndola sin parar.

Ahora, con una mayor perspectiva del Studio Ghibli y de la leyenda que supuso su producción, me he sentido incapaz de volcar algunos pensamientos (e intentar desmitificar algunas leyendas urbanas) que han acompañado siempre a la película. Aviso a navegantes, puede que os estalle la cabeza y no volváis a ver la película de igual manera. Aunque como todo final de Ghibli, el bien triunfa.

‘Mi Vecino Totoro’ cuenta principalmente la historia de dos hermanas, Mei y Satsuki, que han llegado a Matsugou juntamente con su padre a lo que parece ser una casa encantada. Su madre se encuentra en el hospital enferma, sin fecha de regreso a casa, por una enfermedad misteriosa de la cual no se revela nada durante la película. Parece ser que se trataba de tuberculosis, enfermedad que tuvo la madre de Miyazaki. Tanto Matsugou, como Ushinuma, que aparece como posible destino del Gatobús, están localizadas en la ciudad de Tokorozawa, prefectura de Saitama, al norte de Tokyo.

Al llegar a la casa, las dos hermanas van a ser testigos de presencia no deseada. Por un lado tenemos a unas criaturas pequeñas de color negro, similares al hollín. Son los Susuwatari, espíritus asustadizos que viven en lugares abandonados y que llenan todo de polvo. La presencia amable de las hermanas hará que desaparezcan (en una escena de infinita belleza audiovisual). Las otras criaturas son una serie de conejos pequeños que Mei persigue un día que está jugando en casa hacia el bosque. Acaban en un gran alcanforero y al caer por un hoyo, Mei se encuentra con Totoro, el gran espíritu del bosque. A partir de ahí la historia solamente hace que crecer.

No es la clásica película de Ghibli como El Viaje de Chihiro, o como pudiera ser ‘La Tumba de las Luciernagas’, estrena el mismo año que Totoro. No es una gran historia de aventuras. En este caso estamos ante un película que recrea una sucesión de eventos no necesariamente conectados, en los que va a resaltar los clásicos valores que suelen acompañar a Ghibli. El valor de la amistad, esa timidez característica de los niños y su forma de afrontar los miedos. Obviamente, para conseguir que la película no se convierta en una obra plana,  también cuenta carga dramática, de la que tiene algo de truco.

Y es que es el equipo perfecto, Ghibli en la animación, Miyazaki en la dirección y finalmente Joe Hisaishi en la banda sonora. Todo en un perfecto equilibrio, ‘Mi Vecino Totoro’ es un regalo visual de inagotable belleza. Además, es imposible no resaltar la dimensión espiritual que adquiere. Una película muy ligada al shintoismo (religión mayoritaria en Japón) y con una vertiente muy ecologista. La ciudad de Matsugou como ya hemos comentado se encuentra al norte de Tokyo, completamente situada en una zona rural, donde casi no hay teléfonos, no hay carreteras de asfalto, coches, etc. Un pueblo ligado casi totalmente a la agricultura, donde se representa perfectamente ese Japón escondido, amable y cercano. Y del que Hisaishi tiene mucha culpa de habernos enamorado.

Pero tiene un lado oscuro. Y está centrado principalmente en el Incidente de Sayama. Dicho incidente guarda muchísimas similitudes con la película, y es por ello que siempre ha habido una especie leyenda negra rodeando la historia de Totoro. Sayama es una ciudad de la prefectura de Saitama (oh, sorpresa, ciudad vecina de Tokorozawa). En mayo de 1963, una niña de Sawara desapareció en extrañas circunstancias, apareciendo muerta un tiempo después. Inicialmente, ‘Mi Vecino Totoro’ solamente iba a contar con una protagonista, pero acabaron siendo dos. Mei y Satsuki, protagonistas de la película, son nombres que significan lo mismo, el mes de Mayo. Mei es el anglicismo adoptado en Japón y Satsuki es el antiguo nombre del mes de mayo en japonés (según el calendario lunar).

¿Todavía no os ha estallado la cabeza? Seguimos. Según la cultura japonesa existen de los shinigamis. La palabra Shinigami viene de juntar dos kanjis: shinu (muerte) y kami (dios). La aparición del shinigami a una persona actúa como preludio de su muerte, anunciándolos que su fin está cerca. Según el mito que ha acompañado siempre a la película, tanto Totoro como sus hermanos pequeños y el Gatobus son shinigamis. Seres que no van a ser visibles por los vivos y que solamente se permitirá interactuar con aquellas personas cuya suerte se acaba. En este caso Totoro sería Dios de la muerte y el Gatobús actuaría como el buque de Caronte, transportando las almas de los difuntos al otro mundo.

Detalles que nos pueden guiar en este sentido. En el momento final de la intervención de Totoro, tanto Mei como Satsuki dejan de tener sombra … y solamente los muertos no tienen sombra. Otro de los detalles son las paradas que va anunciando el Gatobus a Satsuki antes de ir buscar a Mei, casi todas tienen algo relacionado con la muerte: el camino al cementerio, diferentes tipos de templos, etc. Este es un poco más rebuscado, pero Satsuki, al volver del lago con la zapatilla de Mei, sabiendo que ha muerto, se abandona en Totoro para ir a buscarla. Es decir, quiere morir para volver a reunirse con ella. La hermana mayor de la niña asesinada en Sayama se suicida, pero tranquilos, seguimos. Si recordamos el final, la madre cree ver a las niñas sentadas en el árbol con el Gatobús. Su padre no alcanza a verlas. Esto es sinónimo de que la madre está ya aquejada de la enfermedad, que en su caso será terminal.

Todo ello hace que una vez que se revisione la película y considerando todos estos detalles, ‘Mi Vecino Totoro’ pueda llegar a tener un lado oscuro. Una película que nunca ha dejado de ser familiar, pero claro, Miyazaki no podía dejar que esto lastrara a su obra. Para desmentirlo todo, solamente tenemos que terminar la película visionando también los créditos. En volver del hospital, al final, la abuela le pega un efusivo abrazo a Mei. Imposible si está muerta. Y en los créditos nos muestran la llegada de la madre a Matsugou, ¿con un nuevo hermanito? Para no manchar a esta película, el propio Studio Ghibli emitió un comunicado negando toda clase de rumores. Película 100% para toda la familia.

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About Javier GF

Editor en la Septimacaja. Ingeniero de profesión, deportista como afición. El espacio es una de mis mayores pasiones, entender como funciona el mundo es indispensable para poder cambiarlo. Devorador de series y agitador de aquellos que nos quieran colar pelis de SerieB como grandes estrenos.

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Anime, General

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